Gestionar o transformar: el Dilema de IU en Andalucía

Hay veces en que lamentas no haberte puesto delante de un papel, un teclado o hasta una hoguera de señales de humo, para expresar todo lo que tienes dentro en ese preciso momento. Hay otras veces que no. Y por suerte para mi salud mental esta ha sido una de esas segundas ocasiones.

Cuando hace pocos días el gobierno andaluz, sostenido por mi organización, aprobó un “recortazo” brutal en su presupuesto y, con ello, en su funcionamiento y en sus funciones, debo reconocer que el cabreo inmediato, compartido con muchos compañeros y compañeras, fue espectacular. Mucho influyó la nefasta y cutre -y no se hasta que punto intencionada- noticia narrada como lo fue en Público, mil veces menos completa que en otros diarios como El Mundo. Y ello aunque teóricamente este segundo se sitúe en un espectro ideológico muy diferente.

Nos dominaba a muchos esa frustrante sensación de que siendo la única organización que acude regularmente a los referéndums de militancia como via para decidir gobiernos, esa decisión acaba siendo menos vinculante a la hora de decidir políticas posteriores. El bombardeo crítico que todos y todas recibimos por parte de muchas personas (clasificadas como siempre en dos grupos, aquellas que han confiado en ti o en tu organización y se sienten sorprendidas; y aquellas que, autoubicándose bien en alguna supuesta novedosa alternativa o bien en una izquierda teóricamente más radical, parecen disfrutar más que nadie con errores de tu organización, independientemente de las consecuencias sociales de dichos errores) fue también tremendo. Personalmente, más allá de conversaciones privadas, decidí esperarme para escribir algo y así dar un tiempo a la reacción interna de muchas personas antes de quemar las naves.

Y la reacción llegó. No sólo plasmada posiblemente en el resultado del referéndum interno asturiano (resultado que, y que nadie lo dude, sólo una organización como IU es capaz de tener, aceptar y respetar), influido directamente por esta cuestión. Sino también en la propia Andalucía donde las mismas bases que ratificaron masivamente la entrada en el Gobierno han obligado a la dirección de la organización a rectificar, como se ve en el Boletín extraordinario que ayer enviaron:

Es en este contexto cuando por fin personalmente me atrevo a expresar mi opinión individual sobre toda la polémica. En primer lugar, creo que fue un error entrar a gobernar si no ibamos directamente a la guerra. Porque tendemos a olvidar una cuestión: estamos en guerra de clases. Y no debemos dejar de repetirlo, porque se lo debemos al menos a los más de dos millones de menores bajo el umbral de la pobreza que tenemos en nuestro falso estado del Bienestar. Entrar en el gobierno andaluz sólo tenía sentido para desafiar al Sistema, no para gestionarlo. Hoy se habla ya de 23 mil millones de Euros sólo para Bankia. Dinero que saldrá de provisiones de deuda del FROB y del Estado y que atará el destino de 45 millones de personas al destino de los errores de la Banca. Cuando alguien ha convertido el discurso, la política y el sistema en gestión de la felicidad de los mercados y freno a las pérdidas de beneficio bancario NO puedes seguir jugando a su juego. No se trata de demostrar que podemos hacer mejor gestión y que somos capaces de inaugurar una nueva vía de recortes “más justos”.

Cuidado, el matiz es reseñable: los recortes enunciados por el Gobierno Andaluz (mucho mejor expuestos en la noticia de El Mundo como comenté antes) son absoluta y radicalmente diferentes a los ensayados por otras autonomías. Atacan sueldos altos ejecutivos, recortan gastos protocolo de manera muy importante, redistribuyen mejor el recorte en función de los ingresos, suben impuestos DIRECTOS en función de la renta, garantizan el no despido trabajadores públicos, mantienen el ratio alumnos/aula en educación… NO SON LO MISMO. Eso debe quedar claro y ese argumento es precisamente el manejado por algunas personas importantes de ambas organizaciones (IU y PSOE) para intentar explicarlos a la ciudadanía.

El eje de mi crítica no es por tanto la barata estupidez de comparar a IU-PSOE con PP y decir que todos hacen lo mismo. Menos viviendo en el País Valencià donde la política a seguir es la de continuar destruyendo empleo público, ocupar los puestos de cola de calidad educativa y sanitaria, y utilizar la infraestructura pública como una parcela clientelar a repartir entre tus acólitos peperos. La crítica es mucho más sencilla: No es lo mismo pero TAMPOCO es IU. ¿Por qué? Por decencia y dignidad. La ciudadanía española, la clase del 99%, está siendo desde hace varios años maltratada, castigada y humillada por un conjunto global de falsos dogmas e ideas que buscan cargar sobre todos y todas la culpa de una crisis provocada por el 1% para, no lo olvídemos, seguir ganando dinero. No podemos jugar a su juego y no podemos jugar, mejor o peor, a su sistema. Es la hora del basta. Nuestra deuda pública es baja en comparación con la media europea, y su crecimiento de los últimos años está directamente asociada a la situación del sistema bancario (al que llevamos años suministrando fondos públicos a cambio de nada) y a las políticas seguidas por responsables concretos.

IU NO puede participar de ningún proyecto de Gestión. Sólo de transformación. Mientras tengamos una casa real indigna, que utiliza sus influencias para enriquecerse (O alguien piensa que Urdangarin es el único que ha sacado beneficio económico de esa posición); un ejército que continua desplazado en guerras no declaradas, ilegales e ilegítimas, para atender a intereses alienos al de su ciudadanía; una Iglesia que recibe miles de millones de euros mientras algunos de sus miembros se dedican constantemente a alimentar el odio y la discriminación. Mientras tengamos miles de millones de euros canalizados hacia empresas privadas como los bancos, que continúan practicando desahucios contra ese 99%, en muchos casos bajo prácticas y acuerdos de total estafa y usura. Mientras encabecemos el ranking europeo de fraude fiscal, con cantidades que no sólo acabarían con el déficit sino que permitirían construir un verdadero Estado colectivo de bienestar. Mientras tengamos todo eso y mucho más IU NO puede aceptar ningún recorte más sobre el 99%. No se trata de ayudar al sistema a salir de la crisis, se trata de tumbar el sistema y transformarlo. Si vas a entrar en el Gobierno es para representar la dignidad y la indignación. Es para negarte a recortar un céntimo de Euro mientras lo anterior no cambie. Es para desafiar y plantar cara a los lacayos del 1% que están en el poder gracias a sus mentiras y su demagogia, beneficiando a quien benefician, robándonos día a día un pedazo más de indignidad hasta reducirnos a soldados de la supervivencia. Es para exigírselo a tus compañeros de viaje que siguen negándose estos días a recortar a la Casa Real y a la Iglesia.

Y si no es posible transformar con esos viajantes NO entres en el gobierno.

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