El discurso de clase

Realmente tenemos miedo de usar las palabras. Y realmente es fácil pensar que nos han ganado esa batalla. Hablamos pero no decimos, no transmitimos. En cambio, el lenguaje práctico parece haberse convertido en un monopolio de nuestro proyecto antagónico.Vivimos en una sociedad donde podemos leer titulares como “Decepción Popular por los resultados en Andalucía”. Y no en un periódico de derechas, sino en uno de esos que teóricamente se ubican en el otro espectro. Por lo visto la palabra popular también la hemos perdido, y ya se asimila directamente a la principal fuerza de derechas de este país. No le hace falta el término partido en el enunciado. De tanto machacarnos con ello se han quedado con ella.

Es difícil de entender. Es, incluso, chocante y asombroso. Tu propia madre descarta tus planteamientos y tus palabras porque son esas cosas de rojos (que por definición han de ser malas), pero, en la misma conversación, ella te sorprende haciéndote propuestas que sólo caben dentro de un programa radical de Izquierdas, basadas en una intervención estatal de la economía y los beneficios, en una regulación estatalista de la economía que muchas personas a diario expresan como solución. Eso si, siempre con sus propias palabras.

Frente a ello muchxs de nosotroxs vivimos en una paranoia doble: atenazadxs por el miedo a utilizar una expresión “inadecuada” o “radical”, por un lado; recitando de memoria, cuando la dejamos escapar, toda nuestra teoría política y económica clásica como quien recita en misa, por el otro. O tenemos miedo de hablar o hablamos para nosotrxs mismxs. Nos encerramos en nuestra cúpula de cristal intelectual (no por nada somos una de las organizaciones con un mayor peso de intelectuales de todo el Estado) y desde allí extendemos recetas mágicas y clásicas completamente válidas para el enfermo. Sólo que éste no se quiere tratar. Han convertido nuestras propuestas en utopías peyorativas, mientras transfiguraban sus propuestas radicalmente reaccionarias en soluciones prácticas y necesarias. No es que lleven razón, no es que les haga falta tener razón. Sólo necesitan convencer al enfermo. Y, mientras nosotrxs estábamos encerrados en las Bibliotecas, ellxs estaban en la puerta de cada consulta entregándolos panfletos mágicos de curanderos que habían sanado a miles de personas en horizontes lejanos.

¿Desapareció entonces el discurso de clase? No, un discurso así nunca puede desaparecer mientras exista la realidad de clase. Y esta es hoy más evidente que nunca. Pero nos hicieron una jugarreta muy jodida. Seguimos hasta la extenuación creyendo en un axioma que resulto erróneo: el contenido prima sobre la forma. Y al final resulta que podemos utilizar la forma para introducir cualquier tipo de contenido. Es más, podemos romper la relación de coherencia entre contenido y forma, podemos utilizar una forma (popular, libertad, igualdad, democracia…) para introducir socialmente el contenido concreto que deseamos, aunque éste sea la negación dialéctica de la forma. Mientras, lxs otrxs, (o sea nosotrxs) siguen quemándose las cejas escribiendo sobre el contenido, analizando la realidad, buscando respuestas teóricas…, apartadxs en su rincón temerosxs de que alguien les rechace por hablar de clase, por hablar de Marx, por hablar de Socialismo (del de verdad, no del de coña). Apartadxs y aisladxs estamos tan a la defensiva y tan calladxs que acabamos estallando en un bar, citando un párrafo del Capital para explicar la última fluctuación especulativa de la Bolsa, convertidxs en él o la friki marxista que pide otra cerveza para explicar la realidad desde un mundo diferente.

Vivimos en la jodida pesadilla Marxiana de la pauperización progresiva del Proletariado, del incremento de la bipolarización de la contradicción básica capital-trabajo, del desarrollo más extremo del capitalismo oligopolista y, crecientemente, monopolista. Maldita sea, es imposible no asumir algo tan sencillo como eso: Marx tenía razón. Las clases existen. Y una de ellas está realizando la mayor ofensiva de su historia, mientras la otra parece esperarla únicamente armada con la inevitabilidad de la dialéctica histórica que, desde las bibliotecas y los documentos, volverá marxistas y protagonistas de la clase proletaria a todas las personas que tan lejos se encuentran.

Desde hace años hemos vivido la redistribución directa de la renta estatal a favor de las rentas empresariales (hoy mayores que las salariales en el conjunto del PIB, por primera vez desde el franquismo); hemos observado políticas multimillonarias con dinero público de subvención de la banca, la contratación precaria y el despido (acentuadas aún más con la reforma, pero no creadas por esta); un IRPF despreciable en comparación con otros países, junto a un incremento progresivo de los impuestos indirectos; una destrucción planificada de los servicios sociales acompañada de su privatización; una completa permisividad ante el gran fraude fiscal que alcanza ahora su culminación última con la amnistía planteada; una conceptualización progresiva de las personas paradas y de las trabajadoras como negativas, criminalizadas o sospechosas, donde ellas son la última respuesta a su despido; una peyorativización total de la política (la nuestra, la de todos) y el sindicalismo; una generalización del individualismo como motor de comunicación política, social y económica; y una hegemonía del discurso conservador y reaccionario como actual y moderno. No lo analizo, sólo lo enumero. Ya hemos hecho miles de análisis.

Frente a ello seguimos ancladxs. Por no haber cambiado el lenguaje, la forma, ni siquiera hemos sido capaces de introducir en él planteamientos revolucionarios del ecologismo y el feminismo que, poco a poco, y con miles de resistencias hemos incorporado a nuestro contenido. Hemos sido capaces de transformarnos, de releernos, de actualizarnos y volvernos no sólo anticapitalistas sino también, y como expresión de ello, feministas y ecologistas, entre otras cosas y siempre con resistencias. Peleándonos por actualizar nuestro contenido ni siquiera nos hemos preocupado de la forma.

Pero el discurso de clase continuaba existiendo. Ellxs lo saben. Llevan años introduciendo en nuestra vida diaria su contenido. No tenían la razón así que optaron por la estrategia del mito, de la generalización popular de una falsa realidad. Forma cercana, contenido escondido. Son una clase social. Estamos enmedio de la batalla más tremenda de la Lucha de clases en muchos años. Porque compañerxs Marx tenía razón. En ello y en sus tesis sobre Feuerbach: “Hasta ahora los filósofos se han ocupado de comprender al mundo. Ha llegado la hora de transformarlo”. Pues resulta que la otra clase también sabe leer. Y a veces escucha al gran pensador alemán mucho mejor que nosotrxs.

Ha llegado la hora de transformar nuestra forma. Ha llegado la hora de volver a aprender a hablar. Ha llegado la hora de comunicar nuestro contenido. Estamos en un mundo 2.0, donde no podemos pensar que nuestros compañerxs por definición conceptual van a seguirnos si no hablamos con ellxs en la calle, en el bar, en las tiendas, en el metro. Y hablar no significa imponer sobre ellxs el peso de la historia, sino escuchar, empatizar, pedagogizar, acompañar y aprender.
Ha llegado la hora de la lucha de clases. Ha llegado la hora de cambiar de frase en la máxima marxista. Resulta que hace años que ellxs están en esa guerra, en esa lucha. Y nosotrxs la seguimos perdiendo.

Ha llegado la hora de transformarlo.

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10 comentarios el “El discurso de clase

  1. Estoy de acuerdo en que hay que hablar de lucha de clases, pero con cada persona a su momento, porque como dices, se han apropiado de las palabras, y las nuestras así son desfasadas y extremistas ilógicas (para esto se han apropiado de ‘clásicos’ y ‘radicales’). Poco a poco, yendo del caso concreto a la raíz.
    Para romper su juego de las palabras, creo que va muy bien ridiculizar el uso que les dan: o sea, en vez de argumentar que no somos terroristas, decir ‘sí, lo somos, mira como atento con mi libro a un antidisturbios con porra’, como se ha hecho en las movilizaciones del Lluís Vives.

    Por comentar algo (;

  2. La lluita de classes és la lluita que sempre intenten amagar els que la van guanyant. El llenguatge és l’arma més potent que hi ha, i per ara, ens van furtant les nostres paraules per jugar amb elles i ridiculitzar-les, fins arribar al punt que no podem utilitzar-les perquè a nosaltres ens comencen a sonar buides.
    No crec que haja arribat el moment, perquè el moment ha sigut sempre i serà sempre fins el dia que aquesta lluita acabe.
    El llenguatge l’hem d’utilitzar en favor nostre, en la meua opinió hem de tractar de no perdre els termes característics nostres, la paraula POPULAR és fonamental, som nosaltres.
    Com fer-ho? Des de baix, des d’una conversa en el bar fins una taula rodona o un discurs. Fer les coses senzilles i aprofitar-nos de les noves tecnologies.

    Estic totalment d’acord amb Eva, la ironia també ha de ser un arma!

    Som la classe popular, som més, més preparats (intel·lectualment), amb més ganes… ens falta la força, però aquesta arribarà amb treball i lluita.

  3. Coincido con Edu, la lucha de clases no ha empezado, siempre ha estado ahí. Quizás, ahora ocurre que algunxs hemos salido de la biblioteca y hemos caído en la cuenta de ello. También coincido con Eva, el sarcasmo puede que sea una de las mejores formas de acabar con el uso de “nuestras” palabras.

    El caso es que debemos perder la vergüenza de reconocer nuestra ascendencia ideológica, se me ocurre que la forma “desvergonzada” de algunos de nuestros mensajes podría ser:

    “¿Radical? Claro que soy radical, radical en la defensa de todxs a tener una vivienda digna. Radical en la defensa del derecho al trabajo y que este sea digno. Radical en la defensa de la igualdad de mujeres y hombres. Radical …”

    “¿Intolerante? Claro que soy intolerante, intolerante con lxs corruptxs. Intolerante con lxs que afirman que la sanidad no es un derecho, que es un privilegio según puedas o no pagarla. Intolerante con lxs empresarixs que acusan a lxs trabajadorxs de vagxs. Intolerante con lxs que defienden la pena de muerte. Intolerante …”

    “¿Terrorista? Claro que soy terrorista, quiero que lxs banquerxs tengan terror de que gobernemos porque se quedarán sin negocio. Terrorista porque quiero que lxs corruptxs teman que se les aplique la ley como ha todxs. Terrorista porque quiero que lxs ricxs teman que van a tener que devolver lo que han robado …”

    “¿Popular? Si, también soy popular, soy popular porque quiero que todo el mundo tenga casa. Soy popular porque quiero que todxs tengan educación y sanidad. Soy popular porque quiero que todo el mundo tenga vacaciones y pueda, por qué no, divertirse en sus fiestas …”

    En fin, son solo unas frases escritas rápidamente pero que alguna podría valer.

    Para acabar, y al hilo de mi último ejemplo, otro tema de debate relacionado con nuestra capacidad para empatizar con los demás es el de la simbología y las fiestas populares que, como sabemos, también han sido sustraídas en beneficio de la hegemonía cultural.

    POSDATA: Si de mi dependiera, un buen nombre de partido de izquierda sería “Partido Radical y Popular”, a ver cuanto tiempo resisten esas palabras en los medios actuales. 😉

  4. Chomsky y la experiencia en el mayo francés te dan la razón. Monopolizar el lenguaje puede perpetuar el status. Pero, ¿cómo lo conseguimos en un sistema en el que cada vez se estandariza más a los hablantes con los medios de masas?

    Como dijo Gramsci, a la infraestructura se la puede cambiar alterando una parte de su superestructura. Es decir, cambiando la cultura. Con la cultura clásica (que significa de clase, burguesa) siempre iremos al rebufo y perderemos.

    Por tanto, debemos tomar de nuevo el arte popular y aprovechar la oportunidad de medios libres que nos ofrece la Red. Hay que ir sin complejos, sin miedo a que nos llamen populistas, dejarnos de formalismos y hablar a la gente de la calle en “cristiano” para que no nos vean como “raritos” pedantes.

    “Te van a quitar el médico”, “para ellos eres un muerto de hambre”, “tus hijos no podrán estudiar para que los suyos sigan siendo los jefes”… Un buen altavoz que tenemos es la música. El hip hop combativo, por ejemplo, que nace de la calle para la calle.

    Y, obviamente, volviendo a los clásicos (pero sin citarlos…jeje) que salieron airosos en situaciones como ésta. Una buena oportunidad la tenemos el próximo día 20 de abril a las 19:30 en la Casa de la Cultura de Burjassot con Josep Renau, un tipo que triunfó con la cultura combativa por no tener complejos (SPAM).

    Bona nit

  5. Veo que estamos todxs de acuerdo compañerxs. La recuperación de nuestro espacio y nuestro lenguaje debe ser prioritaria, aunque resulta particularmente interesante lo que comienza a apuntar Eva: no sólo recuperación sino sarcasmo como defensa. Gracias por la aportación porque permite ir más allá de lo que exponía inicialmente en el texto.
    Es verdad que ellxs han pervertido continuamente la relación entre forma y contenido, pero como señaláis podemos utilizar el sarcasmo como mecanismo de recuperación de la relación inicial. Podemos definirmos como radicales, como populares, como terroristas… definiéndolo al tiempo como hace Jose, pero creo que la clave continúa estando en el momento adecuado del uso de las palabras: acompañar a la persona en su lenguaje para, sólo después, introducir el discurso más ideológico y contundente. Cuando esa persona y nosotrxs sintamos sinceramente la empatía de formar parte de un mismo proyecto, de un 99% de esa sociedad que no sólo constituye una clase sino que esta inmersa en una lucha.

  6. Coincidisc completament amb Edu quan diu que el moment és sempre, perquè veig que la gent que es diu d’esquerres està aturada a l’espera del moment del gran canvi, i aquest no arriba un dia, sinò que es treballa dia rere dia, potser al llarg de segles com (des del poc que sé veig que) mostra la Història: la revolució la estudiem com si fóra cosa d’un o pocs anys, però és conseqüència de tot un procés de canvis en el pensament i acumulació d’experiències en les generacions.

    Altra eina és la que comentava Pablo Iglesias, presentador de la tertulia de la Tuerka, de Tele K, en una taula rodona sobre periodisme alternatiu que vam organitzar Acontracorrent:

    ¿Puede hacerse información fuera del marco que impone el sistema? Iglesias responde con un “no” categórico. “Es imposible informar fuera de la esfera pública hegemónica; por tanto, nuestro objetivo ha de ser normalizar los discursos de la izquierda en este marco que nos imponen”. Esto supone reconocer que “es el enemigo el que marca las reglas del juego, las posibilidades de lo que puede y no puede hacerse, y es en este espacio donde inevitablemente hemos de comunicar”, afirma el periodista de Tele K.

    Por eso se utilizan herramientas como el humor o el rap para “decir cosas que rebasan las líneas rojas del sistema”, y que no podrían afirmarse en formatos convencionales.

    http://www.acontracorrent.org/2012/03/05/prensa-alternativa-contrainformacion-o-contrapoder-por-enric-llopis/

  7. Si se han apropiado de nuestras palabras, ¿por qué no inventamos otras nuevas? Alomejor el término lucha de clases da miedo (sobre todo en un país que durante 40 años sufrió una dictadura legitimada en el anticomunismo), pero eso no debe frenarnos. La realidad habla por sí sola y es nuestro deber denominarla: el 99%, somos los de abajo, los trabajadores…
    Como dice la compañera de arriba, Eva, con el lenguaje deberíamos ser un poco más leninistas, siguiendo el discurso de Pablo Iglesias. Economía sostenible, Pymes, el partido de los trabajadores (¡Dolores de Cospedal llegó a decirlo!). ¿Cómo variamos de rumbo? Bueno, siguiendo a Gramsci y la teoría poscolonial. Ahora mismo los trabajadores somos los “sin voz”, nos la han quitado. Tratemos de crear hegemonías desde abajo y siempre en la calle. Vencer el discurso del miedo pasa por llenar el espacio público de las resistencias cotidianas (desahucios, manifestaciones, asambleas…) y llevarlas al lenguaje cotidiano. Con códigos y representaciones “pop”, si queréis, pero tenemos que hacer ese esfuerzo.
    Alomejor no es tanto lo que dice josanzmo sobre “recuperar nuestro lenguaje”. Tenemos que conseguir que ese lenguaje sea el de la mayoría y no va a suceder sólo porque vivamos una crisis inmensa. Pero bueno, con blogs como este yo no pierdo la esperanza
    Salud!

  8. Muchas gracias Alejandro por las aportaciones 😉 Y por el enlace a la entrevista, bastante interesante. Discrepo de algunas cosas del autor (creo que convierte el Populismo en una categoría demasiado amplia, demasiado meta, cuando es más una situación coyuntural que estructural) pero son reflexiones importantes. Estoy de acuerdo plenamente contigo, no se trata sólo de que nosotros y nosotras recuperemos nuestro lenguaje (que también, ya que sería un primer empoderamiento necesario para pasar al siguiente paso) sino de conseguir como tú dices que ese sea el lenguaje mayoritario, empatizar con la sociedad y hacerlo parte diaria de ese 99%.
    Un saludo!!

  9. hola me cuesta aser un discurso y no se cmo empesar y es para este viernes
    si eutede vieran este mensaje me pueden ayudar ❤ porfabor <3<3<3<3<3

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