La Hipocresía de la UVEG

Creo que con los años y la experiencia uno se vuelve o bien cínico, o bien capaz de asumir continuamente lo inasumible. Hoy he asistido a una asamblea de estudiantes de Trabajo Social en donde he acabado diciendo una frase que, hasta ese mismo momento, ni yo mismo me había dado cuenta de cuanto tiempo llevaba asumiéndola: La UV, su equipo directivo, simple y llanamente, siempre miente. Es una opinión personal, si, pero alimentada por una larga experiencia de desencuentros y desengaños con uno de esos entes (las universidades) que nuestra cultura política se ha empeñado en definir automáticamente como progresistas, defensores de lo público o motores de cambio. Una definición automática e incuestionable porque parece ser que hace un millón de años si decidieron tener un papel político de transformación. En nuestra concepción de los movimientos sociales y las instituciones, las Universidades parecen ocupar en la mente colectiva el mismo lugar que el PSOE en la política, es decir, el de un movimiento que debe ser de izquierdas aunque se empeñe en no demostrarlo.

Pero es que, al final, los equipos rectorales de las diferentes universidades valencianas han devenido lo mismo que los dirigentes de esos partidos antiguamente socialdemócratas: gestores. No son más que eso, gestores de asignaturas, gestores de presupuestos y gestores de mercados educativos. Y como gestores sólo responden a la gente que de verdad les importa: aquellos que tienen capacidad de decidir sobre su futuro – económico – inmediato. De defender el cambio a combatirlo incluso. No son políticos, no son activos, no toman parte. Sólo se adaptan.

El gobierno valenciano debe a las cinco universidades públicas valencianas 900 millones de euros. Sólo 300 millones menos de lo que debe por Canal 9. Vamos, una minucia que a cualquiera le puede pasar. Las gentes de mal pensar, como algunos que yo conozco, pueden creer que esto forma parte de una maniobra habitual en la derecha por minar poco a poco, mediante la asfixia económica, los servicios públicos. Incluso podrían llegar a creer que la deuda contraída es intencional para tener atadas y doblegadas a las universidades. Pero son gentes de mal pensar entre las que, por suerte, no se encuentran los equipos rectorales. Porque de pensar así los pobres quizás tendrían que tomar alguna decisión que obligará a la Universidad a durante una décima de segundo posicionarse de una mínima manera.

Gentes mal pensadas, como mis compañeros y compañeras de Acontracorrent, le plantearon hace años a los cuatro candidatos al rectorado de la UVEG la necesidad de encabezar una demanda inexplicable de estas que plantean los rojos: que la Generalitat cumpliera con sus obligaciones con la Universidad. Que se posicionaran, que dieran un golpe en la mesa, que se dejarán de pequeñas expectativas en negociaciones interminables que siempre resultaban falsas. Por suerte para la supervivencia de la Universidad, ninguno de ellos les hizo caso y, como todos sabemos, el resultado económico de la UVEG muestra el gran acierto y la gran generosidad del Consell en el pago puntual de sus obligaciones. Ya no priorizan la Fórmula 1 ni la Ciudad de la luz ni nada sobre las Universidades. Ahora han dejado de pagar a todos por igual.

Pero no pasa nada porque siempre les queda una carta en la manga. Siempre. Simplemente te desdices una vez más de todos tus discursitos y recortas a los y las estudiantes, a los mismos que con el amparo de gobiernos de aquí y de allá les has subido el precio de las matrículas este año.

Es interesantísimo el paralelismo entre ese mundo cercano a la ex-socialdemocracia española y el de la elite universitaria. Realmente interesante. Esa tendencia a olvidar automáticamente todas las medidas derechistas tomadas durante años de negación de tu programa es similar a la actitud de la universidad española con Bolonia: nadie lo ensalza, nadie lo defiende, nadie lo reivindica. Parece incluso que paso sin que nadie protestara ni que nadie la quisiera. Y bueno, ahí está, aunque ahora resulta que todas las medidas y consecuencias positivas que anunciaban no van a darse. Puedo prometer y prometo a los estudiantes antibolonia que ninguno de ellos quedará descolgado o será tratado de manera desigual al quedarse en una licenciatura. Y lo cumplo: todos los y las estudiantes que han intentado acabar la licenciatura en vez de pasarse al grado han recibido coacciones educativas y asignaturas sin docencia por igual. Debimos entender mal la frase de “todos los y las estudiantes tendrán garantizada la docencia hasta que acaben su licenciatura y ninguno se verá obligado a cambiar a grado”. Una frase sumamente confusa afirmada por el rector en aquel debate con estudiantes, que aunque emitieron online se olvidaron de grabar para que luego pudiéramos consultarlo.

Pero hoy, realmente, me he encontrado con algo que me ha hecho desconfiar de la palabra rectoral. Según nos han dicho el problema de los itinerarios de Trabajo Social es que no llegaban todos los grupos a cincuenta alumnas y alumnos. Y por eso, igual que en otras carreras, iban a desaparecer asignaturas e itinerarios. Me ha resultado sorprendente porque pensaba que Bolonia, según repitieron y dijeron y reiteraron y afirmaron y vendieron y publicaron, entre sus grandes beneficios tenía un ratio menor de alumnos por grupo, una atención más personalizada y una menor masificación. Es cierto que hubo gente malvada y sindicatos estudiantiles, profundamente desconocedores de la realidad, que dijeron que eso era una falacia imposible de asumir si no veíamos un cambio real en la financiación y el Consell continuaba con sus impagos. Pero claro, eran simplemente estudiantes y no catedráticos de economía-dogma que han llevado a la sociedad valenciana al mejor momento económico de todos los tiempos. Por ello no entiendo que ahora el problema sea que son pocos alumnos por grupo. Pensaba que Bolonia era para eso ¿no?.

En fin, uno ya, cínico o cansado, no sabe que pensar. El sábado la calle no fue suya. Fue nuestra. La sociedad valenciana exigió garantizar la calidad y el nivel educativo de nuestro sistema público. Y mientras estábamos en la calle la UVEG mandó un correo a los representantes académicos de Trabajo Social, comunicándoles que se está estudiando seriamente eliminar uno de los cuatro itinerarios de su carrera (Sanidad, Familia, Igualdad y cooperación creo que son). Y aunque uno no haya estudiado matemáticas sabe que pasar de 4 a 3 es restar o, incluso, recortar. Y aunque uno no haya estudiado trabajo social sabe, simplemente con abrir los ojos al mundo que lo rodea, que los cuatro son necesarios.

Y eso es hipocresía. Lo es estar en la calle y respaldar movimientos internos mientras tu alma de gestor recorta puestos de trabajo necesarios. Lo es apoyar movilizaciones en defensa de la educación mientras recortas la calidad de esa educación. Lo es decir que amparas a tus estudiantes mientras todas tus medidas continúan puteandolos.

Y pese a todo les seguimos esperando. Seguimos deseando ver como por una vez, durante un momento, dejan de tener miedo y asumen la realidad: que el enemigo está enfrente y no en sus aulas. No somos nosotros y nosotras quienes les debemos 900 millones de euros. Somos los y las que estamos gritando en la calle para que ese dinero llegue. Es hora de tomar decisiones. Y la hipocresía y la cobardía no lo son. Nosotras estamos en la calle. Y eso si es una decisión.

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2 comentarios el “La Hipocresía de la UVEG

  1. Muchas gracias,desde el Consejo de Representantes de los/as Estudiantes de Trabajo Social por venir a la concentración y redactar este magnífico artículo.

    Estuviste especialmente acertado en que,en su mayoria,la UV,siempre miente… y si no,que nos demuestren lo contrario ante esta medida tan drástica.

  2. Hola:
    Una compañera, Ana León y yo, Celia Díaz Catalán, ambas investigadoras y profesoras universitarias, queremos analizar la precaria situación del profesorado en la universidad, centrándonos en las peores situaciones laborales del cuerpo docente e investigador: la asociatura y la interinidad.

    Motivadas por la problemática vivida personalmente y desde la óptica del estudio de la adaptación de los investigadores al sistema de incentivos y recompensas de la ciencia en España, nos hemos propuesto visibilizar esta realidad a partir de una encuesta dirigida a profesoras y profesores asociados/as e interinas/os de la universidad española.

    Queremos además favorecer la disponibilidad de los datos, una vez sean anonimizados, a organizaciones y personas, que como la vuestra tenga interés en combatir la actual situación.

    ¿Os importaría colaborar con nosotras? ¿Podríais difundir la encuesta?

    http://goo.gl/forms/iJSxMdGvOz

    ¡Muchas gracias!

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